El Chile Classic no siempre se juega en la cancha
El impacto de este torneo trasciende los límites que establecen las reglas del juego y su alcance llega más allá de la competencia pura.
La locura de marzo llegó este 2026 con un torneo que ya es parte importante de la historia del golf en Chile. Hace más de una década, la estructura del PGA TOUR aterrizó en el país con una suerte de “segunda división” del circuito padre, que con el tiempo se ha transformado en uno de los tours más competitivos del mundo y, de alguna manera, en uno de los más interesantes. En este caso, hablamos del Chile Classic, su parada local.
Su paso por suelo chileno ha traído, además de figuras consagradas, el espacio para que nuevos talentos se abran camino hacia mejores horizontes. Pero también ha dejado algo menos visible, y no por eso menor: una ingeniería de estándares de producción y una base de conocimientos que hoy se aplica al cuidado de las canchas y al relacionamiento con el entorno.
Ha pasado más de una década y los recuerdos comienzan a transformarse en memoria; en patrimonio de nuestra historia, marcado por un punto de inflexión desde el día en que el circuito arribó por primera vez al país. Hoy contamos con campeonatos de golf de primera categoría y, probablemente, este sea uno de los eventos deportivos más destacados del año, incluso si se lo compara con otras disciplinas.

Todo partió en Chile en 2012, cuando el circuito debutó en el Prince of Wales Country Club (PWCC) bajo el nombre de Nationwide Tour. No solo fue la primera incursión del Tour en Chile, sino también la primera vez que se realizaba en el Cono Sur. Fue el único año en que se jugó bajo esa denominación: en 2013 pasó a llamarse Web.com Tour y, más tarde, en 2019, adoptó el nombre que conocemos hoy, Korn Ferry Tour. Actualmente, el torneo se presenta como Astara Chile Classic presentado por Scotiabank, un nombre extenso como los esfuerzos que se requieren para su realización.
Lo que resulta fascinante de este torneo es su relación con el Prince of Wales Country Club, al menos institucionalmente. Y más interesante aún es que la cancha en la que se compite aparece ligada, en la historia oficial del club, a Ian MacDonald, figura relevante en su desarrollo, no sólo como arquitecto, sino también como socio del club. Ese dato le da otra profundidad a cada edición disputada allí.
Dicho esto, el Tour representa un impacto profundo en la región y también ayuda a reforzar una dimensión patrimonial del golf chileno, donde clubes, historias y recuerdos siguen vinculadas con el presente. En ese sentido, cada nueva edición no solo instala competencia de alto nivel, sino que también reactiva una parte de la historia local del juego.

Los años pasan y la vigencia del campeonato ha producido un gran impacto en nuestra cultura golfística. Es común que salgan a colación los nombres de figuras que pasaron por este torneo: Justin Thomas, Kevin Kisner, Adam Hadwin, Tony Finau, entre otros. Pero entre todos ellos hay un nombre que, visto desde Chile, adquiere un peso especial: Benjamín Alvarado.
Benjamín estuvo trabajando esa semana para Golf Channel en la cobertura del evento. Además, estuvo presente en la cancha apoyando a algunos jugadores locales. Al final del domingo, a un costado de unas graderías que ya se encontraban casi vacías, mientras parte de la producción cerraba la larga jornada, apareció una escena difícil de olvidar. Se le veía confuso, preocupado y, fiel a su personalidad directa y sin filtro, lanzó unas preguntas abiertas, con tintes de desencanto: “¿Dónde están las academias con los niños? ¿Dónde están los jóvenes que quieren aprender? ¿Dónde están los que dicen amar a este deporte?”.
Ahora, de acuerdo con fuentes cercanas, la continuidad del circuito en Chile depende de una negociación que se desarrollará durante los próximos meses; por eso, las preguntas de quien experimentó en carne propia los beneficios del paso del Tour cobran hoy más validez que nunca.
El final del Chile Classic 2026 tuvo un aroma a nostalgia. Tal vez porque el verdadero sentido de este torneo no se juega solo en la cancha, y es hora de reflexionar de manera profunda sobre su impacto en otras áreas de nuestro entorno local.