Martes 14 de Abril de 2026

Árboles viejos y sangre joven en un lugar especial

En Los Lirios se respetan dos cosas: los árboles viejos y los niños. Los primeros reciben sobrenombres cariñosos. Los segundos te ganan el torneo.

Lo que hizo especial la versión 2026 del Abierto Los Lirios sucedió en dos mundos distintos al interior de sus instalaciones: la cancha de golf, reservada para los golfistas, y los espacios que comparten todos los miembros del club —jardines, restaurante, áreas comunes y otros deportes. Durante una semana entera, ambos mundos vivieron su propia fiesta, y juntos hicieron de este torneo algo más que una competencia.

Han pasado varios años desde que el Abierto Los Lirios consideró incluir a los profesionales en la competencia, y su crecimiento lo ha posicionado no sólo como uno de los torneos más importantes de provincia, sino del país. La cancha continúa mejorando su recorrido y, a pesar de la tormenta de agosto de 2024 que derribó más de 70 árboles, los segundos nueve hoyos son perfectamente candidatos a lo que Roy Mackenzie calificó más de una vez como los mejores 9 hoyos de Chile.

Las canchas de golf no son parques, pero caminar una vuelta en Los Lirios es como hacerlo en uno. Una caminata que incluye vistas a castaños, álamos, alcornoques y especies que no se encuentran en ningún otro espacio deportivo. El tiempo ha preservado lo que fue un jardín botánico décadas atrás y lo ha transformado en sede de un torneo de máxima exigencia sin alterar mucho su mística.

Vista al green del hoyo 1 del Club de Golf Los Lirios (Rodrigo Soto/pelotapasto).

El contraste entre las dos mitades del recorrido es notable. Los primeros nueve hoyos, los más nuevos, no se parecen mucho a los nueve finales. El camino de acceso al club parte el recorrido en dos, pero la cancha, en definitiva, es una sola y es única.

La cultura del club

El alto nivel de golf en Los Lirios tiene una explicación que va más allá de la técnica: su cultura. Adultos y menores conviven en el mismo espacio porque su relación es de amistad genuina. Todos están integrados al juego, a las conversaciones y, por supuesto, a las bromas, un ejercicio diario entre los socios con un tinte especial en este lugar. Aman el sarcasmo, el humor negro, y aun en las peores tragedias, el chiste siempre está presente. La carcajada es parte del ADN de los socios, y también de sus hijos e hijas.

Hay tantas historias, sobrenombres, costumbres y rituales en Los Lirios que uno podría pasar una semana sentado en la pasada y escuchar cientos de relatos que desafiarían a cualquier guionista. Sean verdades o ficciones, hacen que la narrativa local sea única y difícil de replicar.

Tanta creatividad en un solo lugar ha producido, entre otras cosas, que los nombres propios tiendan a desaparecer, reemplazados por apodos que hacen alusión a animales, objetos y otras vainas irreproducibles.

La caminata del hoyo 18 tiene una vista a la antigua pérgola del club (Rodrigo Soto/pelotapasto).

Un buen ejemplo es la historia de un árbol que creció a unas 60 yardas del green del actual hoyo 12. Estuvo ahí por décadas. Era un gran olmo que vio fracasar a cientos de jugadores en su intento por alcanzar la bandera, porque se plantaba justo en la línea de juego. El viejo olmo cayó hace un par de décadas y difícilmente se encontrará un ser vivo tan insultado en la región. Muchos quisieron derribarlo, pero nadie se atrevió. Fiel al estilo rancagüino, los socios le pusieron un nombre a la altura: El Conchesuma.

El árbol ya no está, pero su historia se mantiene intacta gracias a la fuerte tradición oral de este lugar, uno de los grandes patrimonios del club.

Relatos como este se comentan todos los días en la pasada, en la cancha de práctica, en el restaurante. Y en todos esos lugares están los adultos junto con los jóvenes, practicando otro deporte en el que también son buenos: el humor. La semana del abierto no fue la excepción. Mientras los jugadores peleaban palo a palo por el título, el resto del club disfrutaba con la misma intensidad, sumando risas, abrazos y muestras de cariño entre ellos y hacia los invitados. Cada vez que eso sucedió, hubo niños alrededor.

El semillero

Los Lirios tiene fama de mantener, constantemente, a miembros de sus filas en los rankings nacionales. Ha sido una incubadora de talentos desde hace años y la competencia interna es de alto nivel. Como prueba, los datos de esta edición: 3 de los 5 primeros puestos del abierto fueron para rancagüinos, y 2 de los 5 primeros del senior también. Ambas copas en categoría profesionales quedaron en casa: Gustavo Silva en la categoría regular y Rodrigo Cornejo en senior.

Quienes llevan años en este deporte saben que Los Lirios siempre fue un semillero, y los nombres de quienes hoy destacan en los circuitos se suman a otros que estuvieron antes: María Cristina Martí, Paula Madrid, Tomás Aravena, Francisca y Cristián Vargas, y figuras emergentes como los hermanos Pedro y Maximiliano Orueta, Martín Cádiz y Rodrigo Díaz.

El torneo

Siendo Los Lirios un club tan amigable con los niños y jóvenes, la historia de esta versión no pudo haber sido más apropiada. Antes de que comenzara la competencia, durante el Pro Am, los pequeños del club tuvieron su momento especial con la visita de Joaquín Niemann, quien junto a su familia disfrutó de 18 hoyos seguidos atentamente por decenas de menores invitados casi en secreto. El encuentro fue maravilloso y el gesto de Niemann, inolvidable. Él y su familia mostraron una cercanía genuina con los niños, a quienes llenaron de felicidad. Pero fueron tan discretos que su presencia no opacó al protagonista principal: el abierto.

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Una vez que todo eso concluyó, al interior de la cancha, un joven comenzaba a escribir su propia historia. Vicente Pérez Zegers se lució desde el principio con su talento y una personalidad que parece sentirse cómoda bajo presión. Salió a competir con el rey de este lugar —Gustavo Silva— y midió fuerzas con jugadores de trayectoria como Felipe Aguilar y Benjamín Alvarado, además de los locales Cristóbal Beltramín y José Rojas. Sin embargo, siguió fiel a su estilo, una poderosa arma que domina con destreza.

Vicente es agresivo desde el tee y los fairways, y habilidoso en los roughs y alrededor del green. Su golf es atractivo e irradia diversión; transmite pasión a todo aquel que lo siga y, en los momentos decisivos, puede ser feroz. Basta con revisar sus tarjetas: cuando la situación lo requiere, es capaz de mantener el tacómetro en rojo durante varios hoyos seguidos. En la segunda vuelta, cerró los hoyos 6, 7, 8 y 9 con 6 golpes bajo el par en cuatro banderas. Y el remate que le dio el título no fue muy distinto: tres birdies consecutivos en los hoyos 16, 17 y 18, que lo coronaron como un justo campeón.

Cortesía de Sebastián Méndez/Elite Golf.

Su crecimiento ha sido notable en los últimos meses y ha brillado en instancias anteriores también, como en el Sudamericano Juvenil Chile 2026, desarrollado hace unas semanas en el Club La Dehesa. En esa oportunidad, finalizó segundo y probó, ante decenas de espectadores, que la presión y el público juegan a su favor, característica típica de los grandes campeones en el golf.

Hay un momento final del campeonato que no puede pasar desapercibido, y existe una foto que lo describe mejor que cualquier palabra. Cuando Vicente embocó el putt ganador, Gustavo Silva supo que esta vez el título no se repetiría en favor de él. Con la nobleza que lo caracteriza, aplaudió al campeón, pero sin disimular una sonrisa sutil. Nadie sabe lo que pasa por la mente de un jugador en ese instante, pero es muy posible que esa sonrisa naciera de un bonito recuerdo: cuando él mismo ganó aquí como juvenil en 2010 y como amateur en 2014, venciendo a nombres importantes del profesionalismo chileno.

Gustavo Silva aplaude al campeón, Vicente Pérez, en el green del hoyo 54 (Rodrigo Soto/pelotapasto).

Quizás en ese momento, mientras veía a Vicente celebrar, Gussy pensó: “Yo también gané como juvenil el 2010, también lo hice como amateur en 2014, y lo hice aquí, en Los Lirios. Te entiendo, Vicente. Esto es hermoso.”

Los jóvenes golfistas chilenos están en buenas manos. En Los Lirios, ese cuidado tiene nombre propio.

Las fotos de este evento han sido archivadas y están disponibles para los miembros del Clubhouse

Martes 14 de Abril de 2026 · Rodrigo Soto