En un lugar como este, la tradición se puede oler en el ambiente. Y si de tradición hablamos, qué mejor que referirnos a los dos primeros días de competencia en Rocas de Santo Domingo.
El primer golpe competitivo de la semana será dado por un o una golfista de la Tercera Edad, porque la disputa inicial se concentra en los senior, quienes jugaran martes y miércoles en una cancha prácticamente repleta de participantes.
Muchos de ellos, profesionales y aficionados, han concurrido año a año no sólo para disfrutar de la incomparable belleza de este lugar. También, para poner a prueba sus habilidades en un diseño que exige todos los recursos que puede poseer un jugador destacado.
La idea de incorporar a los profesionales senior en los abierto ha sido todo un éxto, tanto para los jugadores como para la organización. Mejores condiciones de juego, se liberan cupos para participantes durante el fin de semana, y, financieramente, los organizadores se benefician de un flujo más alto de inscripciones que promueven mejores condiciones en la producción.
Un tremendo acierto, que los jugadores disfrutan, que viste al torneo y que el público agradece.
Los únicos que son impactados de manera negativa, son los socios del club. Pero, hasta donde sabemos ahora, cuando una fiesta es celebrada en grande, es normal encontrar vasos rotos al día siguiente. Es un costo que, normalmente, todos asumimos con tranquilad.
Se rompen vasos, pero la tradición no.